
La tensión entre Washington y Caracas aumentó este fin de semana luego de que el Gobierno de Estados Unidos interceptara un tercer buque petrolero venezolano en aguas internacionales del Caribe, lo que representa la segunda incautación de este tipo en apenas dos días.
Según un funcionario estadounidense, el buque “estaba sujeto a sanciones”, aunque no se detalló la ubicación exacta de la operación. La medida provocó una inmediata reacción del Gobierno de Nicolás Maduro, que denunció el hecho como un “robo y secuestro” y acusó a Washington de violar el derecho internacional.
En un comunicado oficial, la vicepresidenta Delcy Rodríguez advirtió que “estos actos no quedarán impunes” y denunció la “desaparición forzada” de los tripulantes del buque. Rodríguez aseguró que los responsables “responderán ante la justicia y la historia por sus crímenes”.
Las autoridades norteamericanas identificaron la embarcación como el Centuries, propiedad de una empresa china que no figura entre las sancionadas por Estados Unidos. Sin embargo, Caracas anunció que mantendrá su plan de exportar unos 700.000 barriles diarios de crudo a China, su principal socio comercial.
El congresista estadounidense Carlos A. Giménez celebró la acción de su Gobierno y afirmó que “el petróleo de Venezuela no pertenece a Maduro”, acusando al mandatario y al llamado “cartel de los soles” de apropiarse ilegalmente de los recursos del país.